El desayuno, gasolina para el organismo

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El desayuno es como la gasolina para nuestro cuerpo. La primera comida del día es la más importante.

Tras horas de ayuno, nuestro organismo necesita energía para comenzar el día. Pero, según un estudio realizado con la población española comprendida entre los 2 y los 24 años, el ocho por ciento de los niños y jóvenes españoles sale de casa cada mañana sin tomar nada y sólo el 5 por ciento desayuna correctamente según los expertos.

El desayuno como costumbre

La sana costumbre de iniciar el día con la familia reunida alrededor de una mesa en la que abunden frutas y cereales mientras de la cocina llega un exquisito olor a café recién hecho parece haber pasado a la historia.

No hay tiempo para planificar un desayuno reposado y tranquilo, sólo prisas por no llegar tarde al trabajo o conseguir que los niños no pierdan el autobús escolar un día más.

Resultado: nuestros hijos no dedican el tiempo suficiente para comenzar el día bien alimentados, ni los mayores el que se necesita para enseñarles a comer bien.

La primera comida del día -la más importante, según los especialistas en nutrición- a menudo se omite o queda reducida a un «tentempié » rápido en forma de mini zumo o batido envasado y, si acaso, acompañado de una pieza de bollería industrial. Muchos lo toman en el ascensor al salir de su casa y otros, los más rezagados, camino del colegio mientras arrastran sus pesadas mochilas.

Con el curso escolar recién estrenado, los nutricionistas no se cansan de repetir lo importante que es que nuestros niños hagan un desayuno en condiciones antes de salir de casa, algo que si reiteradamente se salta a la torera puede pasar factura en su rendimiento escolar.

Es como un coche que pretende ponerse en carretera con el depósito vacío.

Sin gasolina no hay energía y sin ella no hay nada que hacer. El desayuno es la energía que necesitamos para empezar a funcionar y si no proporcionamos esa energía a nuestros escolares, esto se traduce en decaimiento, falta de atención y concentración y un inevitable cansancio, lo que les impide realizar sus actividades, jugar y rendir como sería deseable.

A esa situación de «carencia de energía » y su consiguiente falta de rendimiento se deben enfrentar un 8 por ciento de los niños y jóvenes españoles de entre 2 y 24 años, según revelaron los datos obtenidos en el estudio Enkid realizado entre 3.500 participantes, todos comprendidos en esa franja de edad.

Ese 8 por ciento de niños y jóvenes acude cada mañana al colegio o a sus ocupaciones diarias sin haber probado bocado, una situación que se repite con mayor frecuencia entre las chicas, en las familias más modestas y en el grupo de edad que va de los 14 a los 18 años.

Peor aún es ese otro 4 por ciento que el estudio Enkid señala como grupo que mantiene el ayuno absoluto hasta la hora del almuerzo, es decir, que ni siquiera a media mañana alegran estómago y paladar con algún alimento, fenómeno que también se revela más común entre las clases sociales más humildes y en los grupos de mayor edad. Por lo general, no son la falta de recursos ni el rechazo hacia los alimentos que tradicionalmente incluimos en nuestros desayunos los responsables de esta situación. De todas las comidas que se hacen a lo largo del día, el desayuno reúne un buen número de alimentos que suelen gustar a niños y adolescentes, como los zumos, la leche con cacao, los batidos o el grupo de los cereales.

En esa comida no se les ofrecen acelgas, espinacas o judías, sino productos que mayoritariamente son de su agrado.

El problema no radica en una falta de oferta apetitosa, sino en otro tipo de falta: la de tiempo.

En efecto, el estilo de vida imperante en nuestros días hace que se dedique poco tiempo a comer en familia, lo que incluye también el desayuno. Si a eso unimos la usual pereza de los niños para abandonar la almohada cada mañana, es lógico pensar que tras el paso por el aseo diario y rigurosa vestimenta, el intervalo que queda de margen antes de salir pitando al cole para hacer un desayuno «como Dios manda » es más bien escaso.

desayuno zumoEntre los niños y adolescentes, la práctica de desayunar bien o mal está muy ligada a la capacidad de sus mayores de imponer cierta disciplina sobre ellos, algo que, por supuesto, conlleva tiempo y constancia.

Por lo general los niños se levantan muy tarde y muchos salen de casa sólo con un vaso de leche en el cuerpo, sin cumplir ni mínimamente la recomendación de cubrir el 25 por ciento de las necesidades calóricas de la jornada en esa primera comida del día.

Hay tres grupos de alimentos que deberían estar siempre presentes en el desayuno, los cereales, la fruta y los lácteos, y esto es algo que conocen bien la mayoría de los padres -continúa la especialista-. No es por tanto falta de información la que les hace permitir que sus hijos no desayunen bien, sino simplemente falta de dedicación y tiempo.

Está claro pues que el aporte energético y calórico del desayuno es un elemento clave para poder afrontar no sólo la actividad física a lo largo de la mañana, sino también para permitir un correcto rendimiento intelectual y, sin embargo, sólo el 50 por ciento de la población escolar y adolescente tiene un hábito de desayuno estable, siempre según datos del estudio Enkid.

Para más del 7 por ciento, el desayuno consiste en un vaso de leche acompañado de azúcar o saborizante, galletas, bollería o pan. Tan sólo el 9 por ciento toma zumos de fruta y únicamente el 5 por ciento de los niños y jóvenes que desayunan habitualmente lo hacen de forma óptima consumiendo lácteos, cereales y frutas.

Los ingredientes básicos

En primer lugar, la presencia de los lácteos en el desayuno -leche, yogur, cuajada, queso, etc.- es indispensable, ya que garantizan un aporte correcto de proteínas al tiempo que aseguran la cantidad diaria necesaria de calcio.

Los hay para todos los gustos, de mil formas, texturas y sabores, y por supuesto variantes desnatadas para casos de sobrepeso o hipercolesterolemia, productos que siguen aportando los mismos nutrientes y vitaminas pero son bajos en grasa.

Tampoco los cereales pueden pasarse por alto, ya sea en forma de pan tradicional, galletas, cereales, bizcochos -mejor caseros que industriales-, etc., pues su alto contenido en hidratos de absorción lenta, fibra, minerales y vitaminas del grupo B los convierten en elementos imprescindibles en la primera comida de cada jornada. Por último -y no por ello menos importante- hay que destacar la inclusión de frutas -en piezas enteras, macedonias, zumos, batidos, etc.-, que incorporan hidratos de carbono de absorción rápida, vitaminas, minerales y fibra.

El ya clásico zumo de naranja natural, además de aportar vitamina C, ayuda a regular el intestino y refuerza las defensas del organismo. Además de procurar un desayuno equilibrado en cuanto a valores nutricionales se refiere, hay una serie de pautas o actitudes recomendadas para mejorar la primera comida del día, como, además de dedicarle un tiempo prudencial cada mañana, hacerlo sentados alrededor de una mesa. Los especialistas en nutrición indican que este tipo de comportamiento es fundamental en hogares con niños o adolescentes, ya que así se les está educando en la sana práctica de desayunar correctamente.

Pero el problema para cumplir con esta recomendación es siempre el mismo, la habitual falta de tiempo.

Las claves para enseñar a nuestros hijos a desayunar de forma saludable pasan por destinar todo el tiempo y dedicación necesarias para convencerles de que su organismo se pone en marcha con una energía que sólo les suministra los alimentos de esa primera comida, además, claro está, de tomarse un tiempo prudencial en desayunar todas las mañanas y no hacerlo deprisa y corriendo.

También puede ayudar el que los hijos elijan diariamente lo que quieren desayunar, con variedad y dentro de una oferta equilibrada, al tiempo que se anima a los de mayor edad a que participen en su elaboración.

Así, mientras la madre o el padre prepara los zumos, ellos pueden servir la leche o los cereales, de forma que todo el proceso de preparación se agilice. Empezar la jornada con mal pie nutricionalmente hablando se puede enmendar, sólo en parte, con una toma de alimentos a media mañana. Los especialistas recomiendan incluir en la mochila algún pequeño bocadillo, una pieza de fruta o, en el caso de adolescentes con mucho gasto energético por participar en actividades deportivas, unos frutos secos.

Esto les ayuda a mantener su tasa de glucosa estable y evitar así el decaimiento y cansancio hasta la hora de la comida. El problema surge cuando, por comodidad y, cómo no, por falta de tiempo, ese aperitivo de media mañana tiene forma de dinero que los escolares pueden convertir en lo que más les apetezca. Muchos chicos llevan dinero al colegio o instituto y cuando se les abre el apetito lo transforman en bollería industrial, una práctica que realizada diariamente no es nada saludable. Esa bollería sólo tiene a su favor un factor: la rapidez y comodidad de tomarlo.

No necesita preparación, ni mantenimiento especial. Sólo rasgar un envoltorio, y ya está. Claro que preparar unas tostadas con aceite de oliva y tomate natural es más laborioso, pero todos sabemos que es mejor para nuestra salud. Sólo es cuestión de dedicarle tiempo y ponerlo en práctica a diario.

Así de sencillo y así de complicado a la vez. Pero de lo que no hay duda es de que del hecho de incorporar en niños y adolescentes hábitos alimentarios más saludables -como por ejemplo hacer un desayuno con fruta, lácteos y cereales habitualmente- dependerá en gran medida que consigan o no una mejor calidad de vida.

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